Para este mundo sin
ser del mundo
Cada
año se celebra la solemnidad de Jesucristo rey del universo con el que se
cierra el año litúrgico y el domingo siguiente se inicia el año nuevo con el
primer domingo de Adviento. Una vez más se tiene la ocasión de volver a
meditar, repasar con la cabeza y el corazón, el significado de ese título de
rey que damos al Verbo hecho carne en las entrañas de María por obra del
Espíritu Santo. Cada día uno o una creyente y practicante, rezando el Padre
nuestro” le pide a Dios que “venga a
nosotros tu reino”. ¿A qué reino se refiere?
El
anuncio de la implantación del reino del cielo, o reino de Dios, es obvio. El
ángel le dijo a María de Nazaret, jovencita que tendría unos 13 ó 15 años de
edad: "No temas, María (…) concebirás en tu seno y darás a luz un hijo (…) reinará
eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin" (Lc 1, 30-33).
En
otra página se nos cuenta que por aquellos días apareció Juan el Bautista
predicando en el desierto de Judea y diciendo que está al llegar el Reino de
los Cielos (Mt 3, 1-2). También
comenzó Jesús a predicar y a decir: está al llegar el Reino de los Cielos
(Mt
4, 17). Recorría Jesús toda la Galilea enseñando en las sinagogas,
predicando el Evangelio del Reino (Mt 4, 23; Mt 9, 35; Lc 8, 1-2).
Después
de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de
Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios (Mc 1, 14-5).
La multitud le buscaba y él les dijo: Es necesario que yo anuncie también
a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido
enviado. E iba predicando por las sinagogas de Judea (Lc 4, 42-44). A
los doce envió Jesús dándoles estas instrucciones: Id y predicad diciendo
que el Reino de los Cielos está al llegar (Mt 10, 5-8). Decidles: el Reino
de Dios está cerca de vosotros (…) sabed esto: el Reino de Dios está cerca (Lc 10:8-11).
Interrogado
por los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios, él les respondió: El
Reino de Dios no viene con espectáculo; ni se podrá decir: vedlo aquí o allí;
porque, mirad, el Reino de Dios está ya en medio de vosotros (Lc 17,
20-21). Si
yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que el Reino de Dios ha
llegado a vosotros (Mt 12, 28 y Lc 11, 20). Observad la higuera y
todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, conocéis por ellos que ya
está cerca el verano. Así también vosotros cuando veáis que sucede todo esto,
sabed que está cerca el Reino de Dios (Lc 21, 29-31).
¿De
qué reino está hablando Jesús? ni los judíos creyentes y practicantes
contemporáneos suyos le entendían pues pensaban justo lo contrario: imponer un
reino terrenal. Cuando un día se acercó a Jesús la madre de los Zebedeo, Juan
y Santiago, ella le dijo: Di que estos dos hijos míos se sienten en tu
Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda (Mt 20, 21). Pocos días antes le habían preguntado a Jesús sus
discípulos ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos?
(Mt
18, 1).
"Tomándolos
consigo, se retiró aparte hacia una ciudad llamada Betsaida. Cuando las
muchedumbres se dieron cuenta, le siguieron; y acogiéndolos les hablaba del
Reino de Dios y sanaba a los que tenían necesidad" (Lc 9, 10-11).¿Qué
entenderían de ese reino? ¿Qué idea tengo fijada? Mientras Jesús ascendía al
cielo, todavía los suyos siguen creyendo que se trata de un reino temporal, político y
militar, y es la última pregunta en voz alta que el Resucitado recibe de ellos. Si no fuera a la vez Dios, ascendería “depre”. Insisten y le preguntan si es ahora cuando va a instaurar el
reino ya que no fue tras la última cena en Jerusalén a donde creían que habían
ido a dar el golpe de estado y liberarse de la esclavitud romana. Pedro utilizó contra Malco su espada en el huerto de Getsemaní y el evangelista dice que en el cenáculo había otra.
Jesús advertía claramente
que su reino no es de este mundo y que en él ni están todos los que son, ni son
todos los que están, aunque en la historia no han faltado quienes le
contradicen. Os digo que muchos de Oriente y Occidente vendrán y se
pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos,
mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores (Mt
8:11-12 y Lc 13, 28-29). En verdad os digo que los publicanos y las
meretrices os van a preceder en el Reino de Dios (Mt 21, 31).
Un
día en el Templo, mientras enseñaba, a los príncipes de los sacerdotes y los
ancianos del pueblo les anunció que “os
será quitado el Reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus frutos” (Mt 21, 43).
Siempre hay
excepciones a las generalidades y así, un día, viendo Jesús que un
escriba le había respondido con sensatez, le dijo: No estás lejos del
Reino de Dios (Mc 12, 32-34).
Eso de pertenecer al
reino de los cielos es una manera de expresar la felicidad eterna a la que está
llamado el ser humano por el Creador, y como es su voluntad que tod@s se
salven, la cosa no puede ser difícil y para un@s poc@s. Pero es evidente que no
se regala con trampas, con los ojos cerrados, mirando para otra parte. El
Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que
causan escándalo y obran la maldad (Mt 13, 41-43). En verdad os
digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Es más, os digo
que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico
entrar en el Reino de Dios (Mt 19, 23-24; Mc 10, 23-26 y Lc 18, 24-26).
Hay
que preguntarse y re-plantearse la idea que un@ tiene del reino de Dios, tanto
el que se incoa aquí en la tierra como el que será definitivo en la vida
eterna. A pesar de saber y haberlo leído y oído cien mil veces que a Pilato Jesús
le respondió: Mi reino no es de este mundo (Jn 18, 36), siempre hay quien(es) se
empeña(n) en hacerlo de este mundo y para ello no cesan de emparejarse con la
política para hacerlo realidad aquí y ahora. El Reino de Carlomagno; el Sacro
Imperio Romano Germánico; el nacionalcatolicismo…
En la solemnidad de Jesucristo,
Rey del Universo, del año 2013, en la clausura del Año de la fe, Francisco
escribió a la Iglesia y al mundo entero la Ex ap “La alegría del Evangelio”
(Evangelii gaudium) sobre el anuncio del Evangelio (o sea del reino) en el
mundo actual. En ella se lee que “Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy
la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en
todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del
Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie” (EvG, 23).
Implantar el reino en la tierra, sabiendo que no es de manera
definitiva hasta la parusía, no es
simplemente hacerse con el poder en este mundo y proclamar unas leyes humanas
tildadas de divinas como se hizo desde la Edad Media construyendo la llamada
Cristiandad. Todo un montaje externo de apariencia y cuando ha soplado en poco
de viento impetuoso en el siglo XX, no ha quedado nada de fe pues –como
explicaba el Papa emérito Ratzinger, ya siendo Cardenal y mano derecha de Juan
Pablo II-, todo había sido un simple barnizado exterior para aparentar.
Se insiste en que la sociedad actual se ha secularizado, lo cual
es verdad si no se tergiversa el sentido de esa palabra. Si ya se ha
secularizado o está en camino de alcanzarlo, es un motivo para dar gracias a
Dios ya que ello significa que se ha conseguido borrar del mapa el
clericalismo, definido por Francisco como un cáncer en la Iglesia y al que se
refiere continuamente.
Padre nuestro que estás en el cielo (…) venga a nosotros tu reino,
no el nuestro. Amén.
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