Como el de Asís, el “poverelo”
El cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, al
ser elegido sucesor del dimitido Benedicto XVI, aquel 13 de marzo de 2013, ante
la sorpresa monumental del mundo entero, eligió el nombre de Francisco como el de Asís (†1226 con 44 años), el “poverelo”
(el pobrecito). El mismo
Bergoglio explicó que tomaba ese nombre por el franciscano y no por el jesuita Francisco
de Javier.
La renuncia de Benedicto XVI pudo ser impactante en
un primer momento pero luego, rebobinando, uno caía en la cuenta de que ya lo
había anunciado desde el primer día en que fue elegido sucesor de Juan Pablo
II. En la homilía de la Misa de inauguración de su pontificado (16-IV-2005)
dijo: “Ahora, en
este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que
supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? (…) Rogad por mí, para que, por miedo, no
huya ante los lobos”. En julio de 2010, en
la catedral de Sulmona, en la visita pastoral a l’Aquila, veneró las reliquias del
Papa dimisionario Celestino V (†1296 con 84 años).
Francisco de
Asís fue un verdadero pobre de Dios (el poverelo)
a quien en nuestra era es reconocido hasta por los ecologistas como un hombre
de este tiempo por amor a las criaturas de Dios, a los hombres, a los animales
y a las plantas de lo cual se hace eco el actual Papa argentino.
A Francesco de Asís un
día se le apareció Jesús crucificado que le dijo: “Francesco, repara mi Iglesia pues
ya ves que está en ruinas”. Lo contó Benedicto XVI en una de aquellas
catequesis (21-I-2010) que duraron más de dos años y en las que iba recorriendo
los siglos y comentando a algún@ de l@s sant@s. “Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: «Ve,
Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas». Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la
iglesia de san Damián esconde un simbolismo profundo –siguió diciendo el
papa Ratzinger- (…) es símbolo de la
situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo”. Al Papa alemán Ratzinger, Benedicto XVI, le superó la
tarea y quizá le ayudase a decidir su dimisión el conocer, que lo sabría,
seguro, la lista casi interminable de obispos dimisionarios que ha habido en la
historia de la Iglesia.
Justo (†390) era obispo de Lyon,
dimitió y se retiró a Egipto. Juan “el
silencioso o hesicasta” (†558)
fue obispo armenio dimisionario de Nicópolis y se hizo monje en la laura de san
Sabas. Teodoro “siceota”
(†613), fue obispo dimisionario de Anastasiópolis, Galacia y consiguió que el
patriarca de Jerusalén recomendase a su metropolita que aceptase su dimisión. Eremberto
(†678) fue monje benedictino, obispo
de Toulouse que en 668 dimitió para volver como monje al monasterio que había
construido. Genadio (†925) era abad en el Bierzo y Alfonso II lo
designó obispo, contra su voluntad y renunció al episcopado para volver a
retirarse. Gerardo
(†940) era monje en Ainay y siendo obispo de Maçon dimitió pues prefería la
vida solitaria en la selva de Brou donde erigió un priorato. Alberto Magno (†1280 con 74 años) dominico, arzobispo de Ratisbona que a los 2 años dimitió para seguir en lo suyo: la
enseñanza.
Jorge M. Bergoglio sintoniza
con el “poverelo” en ser elegido para reparar la Iglesia y en su modo de vivir
la pobreza cristiana con gestos concretos, tocantes y sonantes y también en su
amor misericordioso no solamente con los más necesitados, l@s pobres, l@s
desechad@s, l@s maltratad@s, sino el amor a la creación entera, al universo que
es obra de Dios Creador. Así lo deja escrito en su encíclica “Alabado sea” (Laudato si, LSi) de mayo
2015 llamada “encíclica verde” por su contenido ecológico:
El cardenal Gualtiero
Bassetti, arzobispo de Perugia y Presidente de la CEI (Conferencia episcopal
italiana) en un encuentro manifestó que "Una nueva historia se ha
iniciado para la Iglesia y para el papado. Porque en mi opinión de esto
se trata: este pontificado no es un simple paréntesis histórico, sino que marca
un paso excepcional de época".
Pobres de Yahvé , los anawin en hebreo, eran los que esperaban
todo y solo de Dios y en la Biblia los pobres son siempre referencia a los
humildes. Desgraciadamente, como la pobreza cristiana no es fácil de entender,
no han faltado quienes han hecho un reduccionismo existencial y la limitan a la
pobreza física y material como las sectas de los esenios, los encratitas, los
apostólicos, etc.
Francisco recordaba que si se
quita la pobreza del Evangelio, no se entiende a Jesús y no es justo llamar
“comunistas” a los obispos y curas que hablan de los pobres (homilía matutina,
16-VI-2015).
“Desde el siglo XIX –escribió Benedicto XVI- se objeta contra la Iglesia (…) Las obras de caridad –la limosna-
serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la
justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y
despojando a los pobres de sus derechos” (Deus caritas est, 26).
Cómo se entiende que Francisco
clame: ¡cómo me gustaría una Iglesia
pobre para los pobres! San Juan de
Ribera (+1611 con 80 años), siendo obispo de Badajoz, por tres veces
vendió todo su ajuar y muebles familiares para dar de comer a los pobres. De
estos ejemplos hay unos cuantos cientos a lo largo de los XX siglos de
cristianismo pero, por ahora, son versos sueltos.
Juan Pablo II escribió que “Si verdaderamente hemos partido de la contemplación
del rostro de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de
aquellos con los que él mismo ha querido identificarse” (NMI, 49). Agustín de Hipona (+430) predicaba: “no apegarse a lo que uno posee es más digno de admiración que no poseer nada en absoluto”. Paulino de Nola (+431) afirmaba que “hay más valor en despreciar lo que se tiene que en no tener lo que se desprecia”.
Decía San Ambrosio: "Aquel
que envió sin oro a los Apóstoles (cf. Mt 10, 9) fundó también la Iglesia sin oro. La Iglesia posee oro no
para tenerlo guardado, sino para distribuirlo y socorrer a los necesitados (…)
¿No es mejor que, si no hay otros recursos, los sacerdotes fundan el oro para
sustento de los pobres (…) nos dirá el Señor: `¿Por qué habéis tolerado que
tantos pobres murieran de hambre, cuando poseíais oro con el que procurar su
alimento?”
Santo Domingo de Guzmán se desprendió de
todos sus bienes, de su cabalgadura y sus ricos ropajes, y anduvo a pie, pobre
y descalzo, por los caminos del Sureste francés. Son claras llamadas de
atención para recordar algo importantísimo, esencial aunque no se le tiene
que imitar obligatoriamente en esas materialidades pues la virtud de la pobreza es para ricos y pobres..
En boca de Cristo seguimos
escuchando: Bienaventurados los pobres de espíritu… El Hijo del hombre no tiene
dónde reclinar su cabeza…
Venid, benditos de mi Padre (…) porque tuve hambre y me disteis de
comer; tuve sed y me disteis de beber (…) estaba desnudo y me vestisteis… Solo pueden dar de comer, dar de beber, dar vestido al desnudo, etc. quien posea para dar.
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