Base de la dignidad de la persona humana
En
el domingo 13-C del TO, 30-VI-2019, se escucha a Pablo que dice: Para esta libertad, Cristo nos ha liberado
(…) no os dejéis sujetar de nuevo bajo el yugo de la servidumbre. Porque
vosotros, hermanos, fuisteis llamados a la libertad, pero que esta libertad no
sea pretexto para la carne (Gálatas 5, 1. 13-18).
Recuerda
en otra carta que “también la misma
creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la
libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8, 21). En la sinagoga de
Nazaret, Jesús comentó el pasaje de la Escritura que había leído y que
(casualmente) decía que “el Espíritu del Señor está sobre mí (…) para poner
en libertad a los oprimidos” (Lc
4, 18).
La
verdadera libertad no es libertinaje. Es fácil equivocarse como Juan y Santiago
que en una ocasión dijeron: Señor,
¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? Y volviéndose,
les reprendió (Lc 9, 51-62).
Los
beggini se citan por primera vez en
una crónica de Colonia (1209) englobando cátaros, panteístas y quietistas del
norte de Francia. Exaltaban la pobreza voluntaria y practicaban la libertad de
espíritu y de la carne (el amor libre).
Francisco recordaba que “la catolicidad (es) fermento de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad"
(Veritatis
gaudium, 4).
Juan
Pablo II se refirió también a ella y en el ámbito de la inteligencia de la fe o
en el trabajo científico de los teólogos afirmando que “la Iglesia no propone una Filosofía propia ni canoniza una filosofía
particular (…) En diferentes contextos culturales y en diversas épocas se han
alcanzado resultados que históricamente ha provocado la tentación de
identificar una sola corriente con todo el pensamiento filosófico” (Fides et ratio).
Juan
Pablo II también habló de la libertad de los hijos de Dios aplicada al diálogo
ecuménico escribiendo que “cada vez más
adoptan conjuntamente posiciones, en nombre de Cristo, sobre problemas
importantes que afectan a la vocación humana, la libertad, la justicia, la paz
y el futuro del mundo, elementos constitutivos de la misión cristiana” (Ut unum sint, 1995).
El
Papa polaco insistía en el tema de la libertad que parece que en la práctica
cuesta bastante quererla y respetarla, y recordaba el legítimo pluralismo que
debe haber entre l@s cristian@s (Christefidelis
laici, 6).
Ginés
de Sepúlveda fue un teólogo adversario de Bartolomé de Las Casas que se le
opuso por su frase célebre de que “vale
más un indio pagano y vivo, que cristiano
y muerto porque el
cristianismo da al hombre una libertad y una dignidad tan grandes que, sin
respeto a ellas, ya no vale la religión”.
Mientras
Jesús iba de camino cuando los samaritanos no le dieron alojamiento, se le acercaron tres
hombres que querían seguirle. Ese “sígueme” es la clave del cristian@ como
recordaba Juan Pablo II en Redemptor
hominis (RH, 21) considerando que respondemos al sígueme a veces con poca
responsabilidad y mucha incoherencia… pero con libertad y por ella. Es un seguir
a Cristo parecido al que Elías le pidió a Eliseo mientras le echaba encima su capa
(1Reyes 19, 16-21).
“En la fidelidad a la vocación, o sea la disponibilidad al “servicio real” deben
distinguirse los esposos..., los sacerdotes..., todos nosotros... en el pleno
uso del don de la libertad que es donación sin reservas de toda la persona.
Cristo nos enseña que el mejor uso de la libertad es la caridad que se realiza
en la donación y en el servicio. Para tal “libertad nos ha liberado Cristo” y
nos libera siempre” (Redemptor hominis).
En
EEUU es donde surgió el primer estatuto sobre la libertad religiosa y que
siempre ha considerado la Primera Enmienda pero en el año de la Independencia
(1766) 10 de las 13 confesiones eran oficialmente protestantes y los católicos
vivían sin libertad (unos 30 mil). La Constitución de 1788 dejaba libertad
religiosa para los cargos públicos pero la primera enmienda del 91 prohibirá
legislar una religión establecida e impedirá la libertad religiosa.
El
Papa Wojtyla escribió que “la Iglesia es
consciente – y en nuestra época tal conciencia se refuerza de manera
particular- de que se debe salvaguardar cuidadosamente la importancia que “los
pobres” y “la opción a favor de los pobres” tienen en la palabra del Dios vivo.
Se trata de temas y problemas orgánicamente relacionados con el sentido
cristiano de la libertad y de la liberación” (Redemptoris Mater, 37).
El
papa Clemente VII (1523-34), primo del papa León X, se refugió en Castello
Sant'Angelo 7 meses y compró su libertad y se escapó a Orvieto disfrazado. Hay,
ha habido y seguirá habiendo quienes creen que la libertad se compra así como
quienes pretenden negarla porque les parece malo dejar libertad a los hijos, a los ciudadanos, etc.
Pablo
VI recordaba que tod@ bautizad@, porque respeta la dignidad y la libertad ajena
tanto como la propia, ha de tratar a los demás con corrección, estima,
simpatía, bondad (cf Ecclesiam suam,
1964).
Benedicto
XVI en Caritas in veritate (CinV),
cita a Pablo VI que “con su visión
articulada del desarrollo de los pueblos, pedía regímenes democráticos capaces
de asegurar la libertad (…) y nos preguntamos hasta qué punto se han
cumplido las expectativas de Pablo VI siguiendo el modelo de desarrollo que se ha adoptado en las últimas
décadas” (CinV, 21).
“La fe otorga a la vida una base nueva, un
nuevo fundamento sobre el que el hombre puede apoyarse (…) Se crea una nueva
libertad” (Spe salvi). Más
adelante comenta los dos sucesos históricos recientes porque tienen gran
importancia para la concreción política de la esperanza. La RF que pretendía
instaurar la razón y la libertad y luego Karl Marx que “ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la
libertad es siempre libertad, incluso para el mal” (Spe salvi).
Francisco también recuerda que “la buena predicación (…) demanda (…) que no
imponga la verdad y que apele a la libertad” (Evangelii gaudium, 165). Jesús,
cuando hablaba a las gentes por las ciudades y los campos de Palestina, no se
imponía sino que decía "si quieres…"
“Ni
siquiera Tito, que me acompañaba –escribía san Pablo-, aunque era griego, fue obligado a
circuncidarse. Y eso, a pesar de los falsos hermanos intrusos que se
entrometieron furtivamente a espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús,
para reducirnos a servidumbre” (Gal 2, 3-5).
“La Iglesia anuncia la verdad que no viene de
los hombres, sino de Dios. “Mi
doctrina no es mía, sino del que me ha enviado”, esto es, del Padre.
No todo aquello que los diversos sistemas ven y propagan como libertad está la
verdadera libertad del hombre. La Iglesia, en virtud de su misión divina, se
hace custodia de esta libertad que es condición y base de la verdadera dignidad
de la persona humana” (Redemptor
hominis 1979).
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